Pedir perdón, perdonar, y vuelta a empezar

Respecto del perdón andamos un poco perdidos. A quienes piden perdón para que les dejen en paz, debemos sumar a los que perdonan para que les dejen tranquilos. Por no hablar de quienes no saben pedir perdón con palabras y se limitan a intentar normalizar la vida con sus actos. Andamos un poco perdidos, y debe ser porque no hay ninguna asignatura específica, pensará alguno, que enseñe estas cosas. O lo has escuchado de pequeño, y lo has aprehendido con el corazón, o el camino para reaprender algo de este calado suele ser doloroso y lleno de obstáculos. Hay ocaciones, perdonadme que os lo cuente, en las que sientes que debes pedir perdón hasta el punto de que se te rasga el alma y se rompe el corazón en lágrimas. Pedir perdón por algo muy distinto a que sepas que haces cosas mal o no seas perfecto en todo. Pedir perdón más allá de minucias. Pedir perdón por amar, pedir perdón porque no has amado suficiente, pedir perdón porque no alcanzas lo que otros necesitan, lo que el amor te urge a entregar. Pedir perdón porque has estado, has vivido, has llorado, has sufrido, y aún así no fue suficiente para salvar a la otra persona. Pedir perdón porque lo diste todo, y fue insuficiente. Pedir perdón porque empezaste tarde a amar, porque no supiste encontrar el camino correcto desde el inicio. Pedir perdón cuando ya amas, y no antes, convierte el perdón en un asunto de suma importancia. No hay perdón, diría incluso, fuera del amor. Sin saber que amas, podrás pedir perdón y no irás a ningún sitio. Pero cuando amas todo cambia. Quieres y necesitas pedir perdón. Es urgente, no puedes pasarlo por alto. Es imprescindible.

No hay vuelta atrás cuando has vivido esto. No se puede empezar de cero, no hay vuelta a empezar. Si acaso, un “en adelante”… Es una somera estupidez creer que puede suceder algo por el estilo. Ni se puede, ni quieres. Deseas este “en adelante” con una historia compartida también con estos momentos, con su debilidad real, con sus precariedades dignas de propiciar mayores encuentros, con su raro sabor a imperfección humana. “En adelante…”, me atrevería a decir, seguiré insistiendo en el perdón, por la cuenta que me toca.

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