Vacío y vértigo

La experiencia de vacío interior y de vértigo ante la vida sólo son posibles reconociendo la grandeza del hombre. Un vacío pequeño no asombra. Vacío del que muestra un hueco enorme con rostro de persona. Vacío interior al mirarse a uno mismo, vacío que portamos en nosotros mismos, dentro y fuera. Vacío que pasa a ser mirada y se transforma en eco que escuchamos. Vacío dispuesto a ser colmado, que espera plenitud, que anhela y espera. Vacío que aguarda pacientemente, sin saber ni cómo ni por qué, ni qué ni quién lo puso ahí, ni cuánto tiempo lleva. Vacío que no responde con otras palabras que no sean las pronunciadas. Por otro lado, nadie tiene vértigo con la cara pegada a la tierra y aplastado contra ella. Salvo los que ya lo han perdido todo. Alguien acostado puede tener vértigo si sueña, ¡qué humano! Nadie que no haya querido levantarse de su postración, que no haya preferido tirarse sobre el mundo para no dejarse ver por nadie. Nadie que no quiera vivir. Nadie que no tenga la mente despejada. Nadie que no posea más de dos preguntas. Nadie que viva para un solo flanco en su vida. Nadie que no esté apasionado y enamorado.

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