Todavía quedan quijotes

En un lugar muy, muy cercano apostado como francotirador en la ventana de su libro, un caballero andante diseñaba la estrategia para su nueva aventura divisiando colinas y collados que convertir en subidas y descansos. Largo viaje espera a esos quijotes de nuestro universo que se refugian en mundos paralelos, que saben convertir molinos en gigantes y mujeres en princesas. Largo viaje espera a quienes quieren vivir algo más que su propia vida, tejidos por aquel amor que se hace deseo y búsqueda, que no se apalanca en las primeras posadas que ofrece la historia, que tampoco sabe quedarse tumbado en las batallas en las que parecemos haber sido derrotados. Largo viaje, y por tanto mucha compañía y mucha nobleza, ante los ojos de quienes emprenden nuevas andaduras, con nuevos miedos por tanto, con ilusiones renovadas que iluminan oscuridades propias y ajenas. Sancho seguirá siendo Sancho. Dulcinea no dejará su rostro joven por las arrugas de la historia. Los quijotes lo ven todo eterno, también ahora. Los quijotes rezuman libertad en sus letras y en sus pasos. Los quijotes se amparan en el salvaje juicio del rocín flaco, soportan ser manteados por lenguas ajenas que se distraen de sí mismos pensando en otros, pierden el tiempo para pasar a la historia en la que otros aprenderán a ser más humanos, más libres, más desdichados, más audaces. Todavía quedan quijotes que recuerden el yelmo de Mambrino, que con voluntad quebrada no teman hacer el ridículo ni servir de mofa para que otros se liberen de las palabras que lleven dentro. Quedan quijotes, sí. Muchos quijotes que siguen leyendo a Cervantes y a Kafka y a Goethe y la poesía del poeta enamorado de la vida y deseoso del encuentro con la amada de carne y hueso, y el ingenioso cómic diseñado entre las risas de los amigos. Todavía quedan quijotes por despertar en las aulas que se levanten para proclamar que son diferentes y únicos, y en las casas para seguir abriendo la puerta al nuevo día. Todavía quedan quijotes que convierten las utopías en motores sociales, que inundan las calles de proclamas, que pintan carteles con su lanza convertida en pluma, que tienden la mano a los inocentes vapuleados por enemigos custodiados en palacios, que escuchan a los cautivos y a tantos hombres cansados, que no dicen palabra hasta que no se haya terminado. Todavía quedan quijotes con orinales por cascos, que hablen de las mercedes y suavidades de la vida, y busquen la libertad perdida.

Anuncios

Un comentario sobre “Todavía quedan quijotes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s