Barrios con vallas

El barrio en el que trabajo fue diseñado sin las innumerables vallas que ahora delimitan todo. Los jardines precintados con candados para uso de unos pocos. Parques que han quedado como meaderos y cagaderos de perros. Rincones y revueltas donde los jóvenes sin ocio se juntan a matar su tiempo y evitar la mirada de los adultos. Calles imposibles que terminan en la nada, con portales a ambos lados tan lejanos que cuesta ver el número. Coches que vienen a ser muros entre las aceras y las carreteras. Pasos peatonales que nadie utiliza con semáforos que pocos miran. Las vallas han ejercido su función delimitadora, como expulsando achicando todo, impidiendo el flujo de la gente. A cambio de la sensación de seguridad en su propio recinto, pequeño donde los haya, el barrio se ha convertido en algo ajeno a sus habitantes. Tanta verja anuncia que esta pared por la que camino no tiene nada que ver conmigo, por decisión de su propio dueño. Si algo ocurre entonces, que se atenta su propietario a consecuencias. Aquella otra calle, tan distante, sólo sirve de paso. Nada de disfrute, nada de belleza, sólo pragmatismo. Aquí viven personas, según parece. Pero visto desde arriba supongo que dará la sensación de enjaulamiento voluntario y progresivo. Por aquí no se puede pasar, tendrás que dar un rodeo. Y el candado y el metal ladran y ponen distancia nuevamente entre personas. Este barrio no fue pensado así. La gente que llegó no era así. La ciudad les ha transformado en anónimos paseantes que se cruzan sin mediar palabra y sin meditar las consecuencias. Todo fue improvisado y ahora, aunque ya sea costumbre, sigue extrañando a los mayores y ancianos. Antes, según recuerdan, tenían más zonas verdes en las que sentarse. Antes, según comentan, tardaban menos en visitarse unos a otros. Ahora quedarán en algún hogar diseñado para ellos, que a ninguno le resulta agradable. Quién les habrá robado el barrio a cambio de un techo protegido en el que cobijarse de la que está cayendo. En otro tiempo las verjas eran signo de división, motivo para señalar un problema y signo de prisión, de cárcel contraria a lo humano y la libertad. Sin embargo llegó un viento de verjas bonitas y adornadas, y vallas publicitarias divertidas y atractivas que daban color. El óxido y las modas dejaron atrás lo estético y apareció su esencia. Quién habrá robado el barrio, la relación y la cercanía al mundo moderno de la individualidad, la propiedad privada a ultranza, la libertad de movimiento en su propio territorio y pequeño país.

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