Cargar con tus sufrimientos

Hace años que me persigue esta expresión. La de aquel que carga con los sufrimientos y males de los otros. La de aquel que, no por heroísmo sino por amor, se aproxima casi arrodillado ante quien llora, quien padece, quien vive despojado de sus fuerzas, quien no conoce el color de la esperanza. Y me imaginé siempre esta actitud de forma muy pasiva. No tanto como aquel soldado que en batalla recibe el disparo que era para el amigo. Sino como el proyector que abre sus brazos en silencio. Pero esto no eran más que imaginaciones, de cuando las palabras se reproducen en imágenes inexactas. Cuando nos disponemos a cargar el sufrimiento de alguien lo primero que experimentamos es la fuerza del amor. En esto no me confundí. Sin amor, huyes razonablemente, incluso escuchas las palabras certeras de quienes te avisan de la locura. Lo segundo de lo que te das cuenta, cuando lo haces movido por amor, es de lo poco que vales. Incluso piensas que no mereces estar ahí, que no estás preparado, que quizá te metes donde no te llaman, que otros vendrán que sabrán, que para qué gastar las fuerzas que tienes. El amor y la sensación de indignidad y desmerecimiento son primas hermanas. No hay uno sin otro, cuando el amor es amor. Lo tercero que notas suele ser el desgaste, provocado en el alma quizá más que en el cuerpo, aunque éste no tiene nada de desdeñable. Impacta, y carga. Está muy bien dicho esto de “cargar” con el sufrimiento del otro. Tarde o temprano te das cuenta de que es con toda la persona con quien estás en diálogo. No puedes estar delante “del sufrimiento”, como si de una disección se tratara. Y no sabes cuando aparecerá para dar la cara. Ojalá, como digo, fuera sólo cuestión de una parte, y no de un todo, con su historia, con su grandeza. Ojalá fuera trasportable y llevable para salvar del todo al otro. Ojalá se arrancasen de esa  manera. Todo sería muy fácil. Lo cuarto que aparece es que este cargar deja de ser tan importante. Ya no se miran siquiera tanto los sufrimientos, que vienen y van en la noche y el día. Aquí lo importante de la frase es el “tus”, son los tuyos. Y estoy aquí con los míos sin que sean importantes. Y verdaderamente es así cuando se ama, sea el amor que sea.

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