El post de ayer

Ayer tenía ganas de escribir, tema y palabras. Faltó el tiempo. Tuve el mismo que cualquiera pero se lo dediqué a alguien que hablaba, a una persona. Y todo esto me ha hecho pensar en la caducidad de lo que tenemos que decir. Mejor aún, sobre el momento oportuno, y lo que conlleva. Hoy presiento que lo dicho ayer, aunque estuviera bien dicho, quizá no fuera más que palabras que se lleve el viento. Puede que a alguien le hubieran hecho bien. Pero la prioridad nunca fue algo frente a alguien, ni un objetivo frente a una persona, ni llegar a tiempo a ninguna parte antes que un rostro que pide hablar en lugar de escribir. Con todas nuestras tecnologías de por medio y mediando nos resulta complicado llegar a vernos tal y como somos, a pensar y sentir tal y como vivimos, a querer tal y como necesitamos.

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