Nada especial para la Cuaresma

Cada año se inundan las “redes” (al menos algunas, otras creo que están muy al margen y muy distantes de todo esto) de calendarios cuaresmales, proyectos guía para este tiempo, herramientas que faciliten el camino paso a paso. Como son 40 jornadas de viaje se puede plantear en un pequeño calendario. Son innumerables, por aquí y por allí, según sensibilidades, creadores y creativos, mundos y universos personales. Y la cuestión es que, aunque valoro su capacidad pedagógica de cara a los más pequeños y a los que están empezando, me parece que el día a día de una persona adulta tiene ya suficiente densidad como para no tener que adelantar lo que va pasando. Desde el máximo respeto, y habiendo participado de estos calendarios en otras ediciones de cuaresma, ¿no será que queremos ponernos unas gafas extrañas para ver lo que hay delante de nuestras narices sin haber abierto bien los ojos? La realidad da de sí lo suficiente como para que plantearse algo más, por anticipado, sea un motivo más de distracción que de ayuda.

En cuaresma, nada especial salvo la vida de cada día. Eso sí, bien hecha, bien disfrutada, bien aprovechada, bien escuchada, bien atendida. Mirar de frente al mundo en el que estamos. Observar con atención, participar en el mundo comprometidamente y con el mayor amor posible. Creo que no se puede pedir mucho más. Sea en casa, sea en el trabajo, sea con los amigos, sea con desconocidos. Estar y aprender a estar tal y como somos, con lo que llevemos en el momento. Vivir más, vivir más intensamente, vivir con más pasión, vivir con calidad de vida, con calidad de sueños, con calidad de esperanza. Vivir, porque en el vivir se deberían ir todas nuestras fuerzas hasta caer en el descanso de la noche deseando emprender al día siguiente la nueva jornada de camino. Y volver a vivir así una y otra vez hasta el día en que se celebre la Vida. Es el juego de las minúsculas que se convierten en mayúsculas. Pero eso a nosotros nos parece imposible; no queremos engañarnos, ni engañar. La vida se hace Vida milagrosamente. Y no hay fecha para que esto suceda. En el camino quizá se vean mejor algunos detalles de lo improgramable que resulta todo esto, de lo poco artificial e imaginaria que es la vida real, con las personas reales, con los tiempos reales, con las cosas reales y concretas.

Este año decido no adelantar, sino vivir a la inversa. Haré un calendario al revés. Con lo que pase. Sin diseñar los pasos, sin precedir inciertamente, agradeciendo lo mucho o poco que se regala cada día, con cada persona, con cada niño y cada mayor, con los gestos que perciba, con los sufrimientos que pueda acoger, con la libertad que tenga en cada momento, con la riqueza o pobreza que corresponda. Eso es de por sí austero, requiere sacrificio, provoca alegría, ahonda en la verdad y en el amor, hace bien.

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