Y mañana será otro día

No sé tú. Pero yo hay días que digo esto con una gran alegría, y otros con anodino pesar y arrastrando la lengua. Lo que cambia es el fondo, lo que está sucediendo y contemplando, la capacidad para acoger la realidad y la historia, con las historias de los demás y sus esperanzas. Hay quien desea que el día sea siempre maravilloso, y quien se conforma más bien con poco. Hay quienes detestan los cambios, y quienes anhelan la frescura de la novedad. Decir que mañana será otro día no es más que una verdad de perogrullo, una tautología indiscutible. Porque mañana será lo que tenga que suceder mañana. Sin embargo, tanto en unos como en otros existe un regusto de alegría al pronunciar que estarán vivos, y vivirán. Los alegres con el miedo a perder lo que tienen, y los tristes con el ansia de soltar lo que soportan. Mañana será otro día fue motivo de una obra de teatro que alargaba la agonía, que siempre daba largas. Pero en el lenguaje cotidiano, como en el teatro, los personajes se mueven creyendo que siempre irá todo a mejor. Lo cual, desgraciadamente, choca frontalmente con la frase que titula el post. Decir “mañana será otro día” significa más bien, visto a través de ojos sencillos, que existirá una nueva creación y nos levantaremos de la cama, despertaremos y empezaremos a movernos, porque alguien ha creado algo para nosotros, y sin duda alguna está esperando que lo vivamos. Bien sea el sufrimiento, bien sea la pasión. Bien sea el desaliento, bien sea el ánimo. Decir “mañana será otro día” supone una responsabilidad con el otro. No con el día en sí, sino con quienes vivirán a nuestro lado, estarán de nuestra parte, corresponderán, o no a nuestras expectativas, necesidades y humores. Decir “mañana será otro día” no puede, en cualquier caso, darle atisbo al olvido, ni querer perder de vista lo que ya está sucediendo, lo que ha sucedido, lo que ha sido clausurado, lo que ya ha sido vivido. Querer decir de corazón y a corazón abierto “mañana será otro día” bien puede suponer la sorpresa del nacimiento del sol, de un nuevo nacimiento, de un cambio intenso, de un giro inoportuno, de un viraje definitivo, de un movimiento hacia el todo, de una apuesta hacia la nada, de una noche no deseada o de un feliz recuerdo. “Mañana será otro día” con el reto de vivir lo de siempre, o muy parecido. Si me dan a elegir un mañana totalmente diferente, que en nada se parezca al de hoy, rescataría de la memoria uno que fuera viejo para poder estar con quienes quiero sin saber por qué el amor ni conocer su nacimiento, con quienes he sufrido aventuras y dolores intensos en el alma y en el cuerpo, con quienes he llorado desde primera hora del día, con quienes he reído al atardecer. No quisiera un “mañana nuevo” que me quitara lo vivido.

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