No me vuelvas a mirar así

Regreso al trabajo después de comer. Paro en un paso de peatones prudentemente. No llevaba ninguna prisa, a pesar de circular por Madrid. Tenía tiempo suficiente como para llegar, sentarme, ojear las clases de la tarde y subir las escaleras en busca de los alumnos. Es decir, la comida reposaba correctamente. Y en el paso de peatones una joven niña de no más de catorce años me ha lanzado una mirada aterradora, que ha conseguido inquietarme por un momento. Mi simpática respuesta, confiado en que no estaba haciendo nada malo ha sido sonreir amablemente. Y en este diálogo inicial ha quedado todo. Porque ha mantenido fijamente sus ojos clavados en los míos mientras cruzaba por delante del coche. El encuentro ha sido breve y permanente simultaneamente. Aunque pareciera que estaba gritándome algo sus ojos no veían más allá de sí misma, como volcada sobre su pasado inmediato o remoto. Aunque a otros diera la sensación de altanera y valiente y aguerrida mujer con botas y mochila capaces de todo, esa niña había sido derrotada hoy por sus propios fantasmas, o compañeros, o profesores, o amores, o familia, o sinsabores. Sólo se miraba a sí misma proyectando sus deseos de libertad sobre otros, haciendo una pregunta al aire y contando su situación a los cuatro vientos. Las miradas, ciertas miradas profundas, no engañan los filtros que en ocasiones deseamos tejer y retejer como cascadas de nuestra vida más íntima. A esa niña se le estaba escapando sin control hielo, y no lágrimas ardientes por los ojos. No consigo borrarme sus ojos tristes, el relámpago que desprendía. ¡Qué mala leche llevaba esa joven niña! ¡Qué pena reflejaba más allá! ¡Qué escudo defendía su vida en ese instante! Parecía impenetrable, herida en lo más profundo del ser, aquejada por dolencias interiores, abandonada por el amor y la esperanza. ¡Qué compasión ha despertado en mí! Si otro día me cruzco con ella seguramente me baje del coche y le pregunte si puedo ayudarla en algo. Es lo menos que puedo hacer.

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2 comentarios sobre “No me vuelvas a mirar así

  1. Harás muchísimo cada día por ella, si cada día le dedicas una oración por su vida, para que sus ojos reflejen la alegría que no viste. Intercede por ella ante Dios. Él te escuchará.

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