En cuaresma, inter-cambia

Cuarenta días, que en breve comenzarán, para hacer girar el mundo. Hace años que ya no pienso que los cambios se dan de la noche a la mañana. Y hace años también que sé que todo lo grande tiene un inicio humilde y escondido, y se forja en la intimidad de la vida cotidiana, donde pocos tienen la puerta abierta. Hace años que quiero cambiar el mundo. Y no soy el único que reconoce que no existe botón en el mundo que convierta semejante tarea fácil. Hace años que quiero cambiarme a mí mismo, no por otro, sino por mí mismo. Y hace años que igualmente comprendo que cambiar es como pasar del ser al Ser, atravesando el no siendo lo de antes y abrazando el siendo lo de siempre. No hay mayor conversión ni transformación, imagino en mis pensamientos, que la que limpia la cara, arregla el jardín y esculpe la piedra. Otros cambios añaden lo que no se es como en una especie de mayor embadurnamiento y decoración, como si el ejercicio fuera meramente estético y no radical, como sin atender las heridas del corazón, como desperdiciando la incalculable brecha que se abre en la coraza para abandonar los mantos viejos de guerra y vestirse de gala con el triunfo de la paz y del bien. Hace años, efectivamente, que pienso en todo lo que hay que llevarse de los estercoleros y las corrientes de agua necesaria para arrastrar por el subsuelo de las ciudades la podredumbre y los deshechos acumulados.

Hace años, aunque quizá ahora con más vigor, que el cambio que el hombre requiere sólo se puede producir en el intercambio, en la relación, en el dar y recibir, en el arte de la gratuidad y de la libertad, en cargar los unos con los otros, en apostar por las debilidades del otro responsablemente y con fuerza, en injerir grandes dosis de humor y sonrisa al despertar para abrillantar el suelo que pisemos con pies descalzos y respetuosos. Y así sucesivamente. Siempre inter-, siempre fuera de uno mismo, siempre con reflejo, siempre con distancia, siempre más que egoísta, siempre mejor que mejorar por mejorar, siempre decidido, siempre dialogante. El cambio se ve como intercambio, como trueque, como dar y recibir, como escuchar y hablar, como querer y querer, como aprender y enseñar, como preparar y compartir, como pensar y hacer girar el mundo.

Propongo entonces que la cuaresma sea no sólo de cambio, sino de intercambio, y volver a un trueque que sepa dialogar con las personas y no atienda tanto a las cosas y al equilibrio de lo que vale en función del precio. Intercambio que suponga comunicación entre personas, de algo personal a algo personal, que incida en lo que somos y no en lo que tenemos. Y de todos los intercambios valoro hoy como el más valioso aquel que es capaz de ceder algo grande para que otros crezcan, aquel que puede soportar los sufrimientos de otros y entregar una sonrisa y poner paz y ser sosiego del alma ajena, aquel que escucha lo que no quiere y sabe poner palabra de vida en otros, aquel que lucha contra lo que no es propio aun dando la propia vida.

El intercambio permite conocer qué necesito y qué puedo ofrecer a cambio, por lo que al mismo tiempo nos purifica y enriquece. Si se vive con humildad, además nos acerca a otros. Cuando se da un intercambio también hay un diálogo, una comunión, una relación de reconocimiento. Si fueran sólo cosas, no llegaría a mucho más. Si se trata de algo “propio”, en el sentido de personal, entonces podemos ver cuánto tenemos transferible que cargamos habitualmente solos. Romper el aislamiento, la soledad, la tristeza de una vida libremente autónoma para dejarse ayudar y colaborar con otros. El intercambio crea red. Y quizá tengas la oportunidad, más adelante y con otras fuerzas y perspectivas, de vivir por aquello con lo que ahora no puedes cargar. El intercambio también, y termino, nos hace responsables del mundo en su conjunto, y sobre todo, de las personas que viven en él. Todas ellas tienen derecho a la felicidad, lo que afecta a las obligaciones de cada uno, no sólo por no impedirlo, sino también por facilitarlo y hacerlo posible. ¡Qué mejor tiempo que este para saber que vivimos gracias a otros y por otros, y que todo lo importante es inmensamente gratuito!

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2 comentarios sobre “En cuaresma, inter-cambia

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