Mis alumnos no leen mucho.

Entre los maestros, y algunos padres, persiste la queja de que los alumnos no cultivan sus hábitos de lectura. Por eso un plan y otro plan. Proyecto lector, programa de fomento de la lectura. Como cada vez somos más sensibles al auge de las nuevas tecnologías incorporamos en los planes grandes apuestas tecnológicas. Bueno, esto último es mentira. Pero sí que hay una creciente sensibilidad ante este déficit. Bueno, esto último tampoco sé si es verdad. Pero sigo adelante con el tema, porque me sorprende comprobar en las estadísticas que la generación de adolescentes y jóvenes se reconoce como la que más lee. A lo que algunos anotan que el problema entonces reside en la calidad de las letras. A lo que otros también suelen apostillar que hay que seguir ofreciendo lecturas apropiadas a su edad, y entonces crecen el número de adaptaciones infantiles y juveniles de toda la literatura universal, bien decorados y bien editados, con materiales audiovisuales incluso, para cuando el niño o el joven se canse de pasar páginas. Si es que se tienen que pasar páginas en los libros modernos.

A mí me gusta enfocar los temas sacándolos de contexto. Al menos de los lugares comunes ya muy explotados. Y creo que el tema de la lectura seguirá en declive cada vez más creciente hasta que no se contemplen con seriedad otro tipo de elementos para lo que sí tenemos contemplaciones en otro tiempo de hábitos. Por ejemplo, me parece crucial para el hábito de lectura que exista un lugar y un tiempo propicios, reservados al efecto. Lugar no infectado de ruidos, que permita estar concentrado, que sea cómodo y disponga de la posibilidad de diálogo sin demasiadas interrupciones. Lugar más o menos fijo. Porque las personas que leen en el metro, o bien ya leían de antes o han aprendido a leer allí y quizá no lean mucho fuera.

Respecto al tiempo diré lo que ya todo el mundo sabe, en lo frenético de la vida. Que disponemos de 24 horas diarias para ordenar para bien de la persona. Y que algunos muchachos tienen muy poco tiempo para sí mismos. Por lo que no creo que sea una preocupación grande la lectura. Prefiero salvar algunos niños y jóvenes de sus horarios de altos ejecutivos en los que sus padres cambian reuniones por actividades seguidas una detrás de otra. El ocio y la gratuidad, y no quizá el saber y la cultura, sea el mejor enganche que hay para la lectura. Y esto, si no hay tiempo ni para jugar resulta imposible.

Y por último, tengo por seguro que la familia y entorno particular de cada alumno se convierte en lo decisivo. Ojalá algunos padres comprendan sin mayores complicaciones la frase anterior. Conozco pocos padres que lean cuyos hijos no sean dados a la lectura. Uno de mis mejores alumnos no tenía televisión en casa, aunque sí ordenador regulado. Sus padres leían, hablaban, dialogaban, conversaban con ellos. Y conozco algunos casos de alumnos cuyos padres no hay cogido ningún libro que se hayan dado a la lectura. Lo cual me parece sorprendente, dicho sea de paso.

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