Debajo de los papeles

De pasada he abierto los ojos en mitad del pasillo y he visto una persona aparentemente metida en su estudio, frente a los papeles que tenía desplegados encima de la mesa. Estaba de paso pero me he atrevido a preguntar cómo le iba, sin llamar a la puerta, estorbando su lectura, rompiendo un poco el inicio del día. Y, también de paso, he encontrado que en lugar de estar sobre los papeles se encontraba aplastada por ellos, aturdida por la vida que lleva, desconcertada por otro millón de cosas diferentes a las que son propias de su trabajo. No eran muchos, como en la foto, ni pesadas normas escritas en piedra, ni nada por el estilo. La cantidad era lo de menos. Eran cabeza y corazón, con sus ojos respectivos los que no eran capaces de atender y enfocar la tarea. Mentiría si dijera que no me he sentido reflejado en su actitud, y no ha traído a la memoria días parecidos, días en los que estar debajo de casi todo sin sentirme dueño de nada. También por estos momentos tenemos que pasar, como yo por el pasillo. Aunque hoy agradezco haber detenido mi ritmo, interrumpido mi jornada, pospuesto sabiamente lo que tenía que hacer por escuchar a la persona que tenía delante, con su historia novedosa para mí y empezar el día con ella de este modo tan cercano.

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