Notas de papel

Las hay de todos los colores y formas. Seguramente las has utilizado en múltiples ocasiones con finalidades de lo más variopinto. Y te seguirán acompañando. Ayer, al atardecer, alguien leía algunas notas escritas en papel hace meses. Eran mías, con su voz, con la entonación que yo soñaba darles, con el calado que siempre deseé que tuvieran. Notas que se sumergían en la vida, en la hondura de la existencia, en otros ojos que no eran míos del todo y con los que disfrutaba y daba luz al mundo. Notas de papel que han superado peripecias de diverso signo hasta llegar a una noche en la que ser comunes y compartidas. Notas que viajaron en mochilas por otro país distinto al nuestro y nos han encontrado aquí y ahora para ser dichas en alto. Lo que se escribe no siempre perdura, no siempre aguanta, no siempre tiene el mismo vigor que al principio, y sin embargo estas notas conservaban aquel sabor en el que fueron cocinadas, aquella pasión con la que fueron dibujadas.

Las notas siempre son para alguien. Y deja de ser exclusiva la nota cuando alguien la tiene entre sus manos. Sin embargo, no llega a su destino final hasta que no es contestada. Su camino continúa entonces, siempre hacia adelante al ritmo del tiempo que nunca lograremos entender. Un tiempo nada lineal, un tiempo que no parece ser común a toda la humanidad, un tiempo que no iguala a los espectadores del mundo en el que suceden las mismas películas una y otra vez. Un tiempo que tiene curvas, que se adentra y se expande, que se dilata para albergar en sí la vida, el amor, la locura, el recuerdo. Un tiempo hondo que parece estar encerrado en notas de papel en la que simplemente se escribía lo que se estaba viviendo. Y aquello que fue dicho, aquello declarado, sorprende por su vigencia cuando es eterno.

En estas notas de papel se guardan tesoros, se esconden milagros, se pronuncian sueños, se desvelan horizontes, se trazan mapas inventados que conducen donde jamás se pensó, donde se palpa el misterio, donde se encuentra el Amor. En estas notas de papel que hoy vuelan por el aire con tu voz, impregnando de suave aroma de primavera toda la habitación, pervive lo que nunca murió, sigue deseando el abrazo cercano, continúa reclamando la tierna mirada que acoge sin medida a quien supo esperar. En esas notas nadie leerá bien sin haber vivido lo que significa la plenitud, la esperanza, la pasión, el sacrificio, el sufrimiento y la entrega por amor. Las notas más simples sabes esconder en pocas palabras lo que sólo aquellos que deben leerlas podrán entender y conocer, agradecer y mostrar al mundo. Las notas son notas que darán pie a una sinfonía de voces y cantos, de instrumentos y letras que vienen y van. Las notas serán para siempre notas hasta que vuelvan a ser leídas, y de nuevo todo sea capaz de llenarse de su brisa suave, de su dulce lamento, de su medida locura, de su recuerdo distante, del lugar en el que fueron escritas para ser leídas quién sabe dónde. Las notas, que sólo son notas, se volverán brillantes con el paso del tiempo, amarillas en la primavera, luciendo en las noches. Por eso precisamente, porque fueron notas y nada más, y muy bien no se sabía ni qué se decía en ellas.

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