3 complejos destructivos

El mundo de los complejos personales nada tiene de simple ni sencillo. Según algunos “sabios de nuestro mundo” todos tenemos los nuestros, frutos de la historia personal y de las relaciones de cada uno. Según otros, a mi entender más afinados, están presentes en momentos puntuales de nuestro recorrido y pueden dejar más o menos huella, e incluso anquilosarse, estancar la vida del hombre. El tercer grupo que reseñaría habla de algo mucho más específico, liberándose del miedo adolescente a paderecer complejos por aquí y por allá, a traspasar sus pruebas, a dejarse infectar por sus suspiros.

El caso es que los complejos entre los que comienzan a vivir no están más presentes que en aquellos que llevan años latiendo y respirando, o hablando de las cosas con su propia voz. Me parece absurdo atribuir la palabra complejo sólo a quienes se sienten todavía inseguros en sus primeros pasos, desestimando que sea algo con lo que todo hombre y toda mujer debe enfrentarse tarde o temprano.

Por no dar por entendido qué es un complejo, y sin querer citar nada de aquí o de allá, yo diría que se puede definir como una amalgama de sentimientos y de ideas respecto de uno mismo en diferentes dimensiones personales que influyen en la conducta, en el modo de ver y de pensar la realidad, y en la construcción de su propia realidad. Algunos dirán que son más inconscientes que conscientes, aunque tampoco tengo claro que esto forme parte de la definición propiamente.

De todos los complejos, no escritos, escojo tres salidos de una conversación hoy entre gente que poco sabe de estas cosas todavía:

  1. Complejo por no tener complejos, y de ahí no sentirse normal como el resto, viviendo la misma vida que todos, acostumbrado a los comunes azotes de la existencia. Esto puede ser una tontería para algunos, aunque creo que no tiene nada de gracioso. El mayor problema de estas personas, que tienen que enfrentar, es el desconocimiento de sí mismos. Sin el cual, dicho así de pasada, nada podrá vivir en plenitud.
  2. Complejo de súperacomplejado. Al contrario que el anterior, y probablemente anclado en idéntica ignorancia de sí mismo. De ambos podríamos decir que viven de las palabras de los otros, tristemente encadenados a lo que se pierden de sí mismos, completándose con huecos que nada tienen que ver con la realidad. Aquí la cuestión sería plantearse si el hombre es capaz de construir su propia realidad al margen de la propia realidad real. Perdonad la redundancia.
  3. Complejo de exclusividad. Este va a ser el contrario absoluto a los dos anteriores. El que cree que aquello que vive sólo le puede estar ocurriendo a él, y está asilado, por lo tanto, de toda palabra válida y de toda experiencia compartida. Algo así como la irreductible sensación de la destrucción de sí mismo por algo que otros muchos han podido vivir y aguantar sufriendo, la paralización radical de los propios sueños a fuerza de fantasías engañosas convertidas en pesadillas destructoras.
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