Reglas básicas de economía

El dinero no fue nunca lo suficientemente importante como para dar la vida. Aunque los hombres han sido tan crueles con todo cuanto es gratuito que sí han matado por dinero y puesto precio a la vida de determinadas personas. Hay lugares en los que estar y respirar se hace inaccesible a los pobres, como a la inversa. Según qué rincones de nuestro universo, aquellos que van con su cartera y tarjetas por delante, se sentirán perdidos, extraviados, miserables y ruínes. Ya sabemos que el problema no está en el dinero, sino en quienes lo manejan. Aunque en ocasiones, sinceramente, no lo tengo tan claro porque parece que tiene un latir propio y que en forma de lapa se pega al corazón del hombre para no dejarle en paz, sosegado, apacible, descansado.

Hoy medito en torno a tres reglas de economía que he pensado el último mes:

  1. No todo tiene un precio, ni siquiera entre las cosas. De las personas, no hablo. Lo que me sorprende es que haya alguien que crea, a día de hoy, que con dinero puede adquirir toda una cosa por entero, que su esencia esté a disposición de un intercambio cosa-cosa sin esperar un milagro mayor de donación. Lo que me admira, de verdad, es que alguien se engañe hasta el punto de no reconocerse igual al resto de la humanidad en cuanto a la vida misma.
  2. Lo que cuesta ser conquistado, también nos debería exigir reflexionar cómo lo gastamos. Y en este sentido creo que cada moneda de 1€ debería ser reflexionada, y más aún el más pequeño de los billetes aunque nunca manejemos los más grandes. Uno de los problemas de quienes tienen o no tienen dinero es mantener doble criterio a la hora de adquirir y de desprenderse. Si para ganar hay que madrugar, no entiendo entonces cómo después podemos prescindir de esos recuerdos.
  3. Si el dinero surgió como convención para el intercambio común respetando lo privado y personal, en ese mismo plano se deberían respetar ambos planos. Por un lado, la construcción de un mundo común, y por otro el respeto a la vida privada y personal de cada persona. Y cuando una u otra sufra por este aspecto, recordar que hay algo llamado vida social que se crea con instrumentos vulgares aunque el resultado sea excelso en su fin último, que es la amistad o la solidaridad o el amor.

En cualquier caso, saber que el hombre no está hecho para el dinero, sino a la inversa. Y que no es una invención de Dios, sino una “cosa” de hombres en la que Dios debe ser tenido muy en cuenta para que no cree su propio “mundo paralelo”. Esta semana escuché el corazón de una persona -no daré más detalles- a quien una simple moneda para comprar comida para ese día le recordó la oración del Padrenuestro, y se movía por el supermercado encogida por el recuerdo de muchas familias que lloran por los hijos a los que no pueden dar de comer. En ocasiones, si pudiera arrugar todo el dinero del mundo para hacer una gran hoguera, no lo pensaría ni dos minutos. En otras me alegro mucho con quienes no lo necesitan para vivir ni para ser felices hasta el punto de ser esclavos de Mammón. Y creo firmemente que todo sería diferente de otra manera. Tan diferente sin dinero que no interesaría a muchos.

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