El problema de la felicidad

Imagínate que un día despiertas con la pregunta sobre la felicidad. No un despertar brusco cuando todo bulle en el silencio. Ni con una inquietud madrugadora al alba. Imagina una cómoda conversación cuando todavía no se han caído las legañas sobre la felicidad. ¿Qué respondes? ¿Con lo aprendido en los libros? ¡Qué triste! ¿Con la propia experiencia? ¡Todos sabemos que eso siempre es poco!

El mayor problema de la felicidad es “ser feliz” en presente. Saber decir “soy feliz” cuando corresponde, según toca, al hilo de lo sublime. El gran problema filosófico, práctico y teórico, de la vida y de la contemplación es estar frente a la felicidad. La mayor tragedia sería entonces no reconocerlo. Y el mayor anhelo cae del lado del temor a separarse, a perderlo. A todas luces la felicidad, en rostro siempre humano y siempre divino, visita a cada hombre en múltiples ocasiones a lo largo de su vida. Y en ocasiones su llamada es para entrar y no marcharse. Y ahí es donde reside la felicidad plena. En lo que pasa y sucede y siempre permanece, en lo que resulta claramente eterno aunque no se sepa explicar de qué manera, en lo que nunca quedará en el olvido.

La felicidad cantada y poetizada, la escrita en ensayos y descrita en novelas nada tendría que ver con el hombre si no haciera de las entrañas de los sedientos, de los insatisfechos, de los que han degustado sus besos y se han dejado abrazar por su ternura y delicadeza. Entonces, bajo el signo del gozo y de la pasión, se busca de otra manera, por caminos diversos lo que siempre es lo mismo. Entonces, con su fuerza y su reposo, se anda detrás de su aroma y tacto. Sólo entonces, y no antes, la pregunta tienen sentido. Por la felicidad no se puede preguntar el infeliz, sino el feliz, quien se siente dichoso, quien se inquieta al cuestionarse por qué a él o a ella y no a otro, quien se sorprende y deja sorprender por todo lo que siempre hemos dicho que no se puede controlar ni encuadrar en marco alguno. Sólo entonces la felicidad dejará de ser abstracto y pasará a ser el hombre feliz el que ama la oportunidad de serlo eternamente.

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