Érase un hombre pegado a sus búsquedas y con preguntas en la mochila

Siempre me han gustado las preguntas. Hacerlas, recibirlas. De aquí y de allá, venidas de cualquier persona, y de más lejos aún, y de más cerca que el polvo que pisamos o el latir del propio corazón. Siempre me han provocado, y me encanta dejarme provocar por todas ellas. Y en ese camino he llevado conmigo, y llevaré siempre, la pregunta madre de todas las cuestiones que pueden acechar sin parar el corazón atrapádolo en círculos cerrados y girando en torno a él como cazador que acecha su presa, y que de vez en cuando se lanza sobre él para darle un mordisco sabroso que algo se lleva. La pregunta por la felicidad, la pregunta por la sonrisa, la pregunta por la paz, la pregunta por la vida. Todas resumidas en dónde debo estar, qué debo hacer, cómo descubrir qué tiene la vida conmigo para que me haya llamado y poseído de semejante manera.

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